Yo tengo un truco para que no se tiren los últimos cereales que quedan en la bolsa: Abrir el paquete nuevo y echar los restos de la bolsa anterior (este truco es aplicable para la botella de Coca-Cola, esa de 2 litros que nadie se decide a acabar).
Pero este truco falla a veces. Por ejemplo, si los cereales nuevos que has comprado son distintos a los anteriores. O si son de esos que son como una madeja de fibra en los que al final lo que sobran son un montón de hilillos de fibra sueltos. Pues no los tires.
También sucede con las onzas de chocolate, esas que se quedan envueltas en un papel de plata arrugado con muy mala pinta. Y con las galletas. Y con los restos de turrón de Navidad.
Cuando las madres "protestan" porque cogen algo más de peso por rebañar los restos de comida de sus hijos no lo entiendo. Y no es porque mis hijos sean excepcionales y se coman hasta la última migaja, o yo sea una madre muy disciplinada y les eduque correctamente para que no dejen nada. Al contrario. Mi problema está en que soy igual de "asquerosita y de mal comer" como puedan ser ellos (una malamadre, en definitiva). Eso sí. Hay una máxima fundamental: LA COMIDA NO SE TIRA. Lo pones una cazuelita o en un tupper y "se le da salida" a la primera ocasión que se presente. Y también podemos hacer "reconversiones" como esta.
Pues vamos allá con el tema del reciclado de cereales, galletas, chocolate, etc.

Nos encontramos con estas "sobras": Bolsas con pequeñas cantidades de cereales. Un tarro de cristal con hilillos de esos cereales que vienen en pequeñas madejas. Restos de turrón de chocolate de las Navidades pasadas. Onzas de chocolate Nestlé.
También voy a añadir unas onzas de chocolate para postre (este está nuevo, sin estrenar).